Qué hacer cuando tus planes se congelan

¿Cuántas veces has planificado bien tu día y luego algo pasa que tus planes se congelan? Eso fue lo que me sucedió cuando una inusual tormenta de nieve blanqueó Texas y trajo consigo temperaturas heladas. Pasamos 53 horas en total sin electricidad; desconectados e incomunicados. Para alguien como yo esto podía haber sido dramático; sin embargo, y sorpresivamente, no lo fue.

¡Hacía tanto frío que hasta el lago se congeló!

Con mi agenda de la semana planificada desde el viernes anterior, esa semana comenzó totalmente diferente a como la había visualizado tres días antes. Sabiendo que la tormenta venía, estaba lista para varios días en casa: sesiones virtuales con clientes, llamadas, planificación de marzo, asistir mi curso virtual de escritura creativa, etc. Pero la tormenta literalmente congeló mis planes.


El lunes amaneció frío y sublime. Desde los techos hasta las calles, todo estaba cubierto de blanco, la nieve impoluta; un paisaje que rara vez se ve en este lado del país. Todo se veía precioso… hasta que se fue la luz.


El paisaje seguía hermoso… yo estaba angustiada. ¿Y ahora? Sin electricidad no hay internet y sin internet no hay teléfono ni computadora. Está bien, me dije, hay trabajo que puedo adelantar sin mi computadora. Hasta que, sin calefacción, la casa comenzó a enfriarse rápidamente, al punto que el único lugar donde se podía estar era frente a la chimenea. Esperando a que reestablecieran la electricidad, se hizo de noche, amaneció, se volvió a hacer de noche y volvió a amanecer. Hasta que finalmente, tres días después, se escuchó el ansiado susurro de la calefacción encendiéndose.


Durante esta aventura de tres días pasé por diferentes etapas: crisis (¡¿y ahora qué hago?!), enfoque (Ok, ¿qué debo hacer primero?) y finalmente, calma (no está bajo mi control y no hay nada que pueda hacer). Analizando retrospectivamente esos días, me doy cuenta de que esa disrupción me obligó a flexionar un músculo que, afortunadamente, rara vez he flexionado en mi trabajo: el de la adaptación a circunstancias adversas. Cuando me convencí de que solo podía actuar sobre lo que estaba bajo mi control, lo primero que hice fue determinar mi prioridad: avisar a mis clientes que las sesiones estaban canceladas por el momento.

Las calles cubiertas de nieve impoluta.

Lo que sucedió me reafirmó que la planificación, para ser exitosa, debe ser flexible.


Algo quedó claro, la planificación es una guía para alcanzar lo que quieres y ciertas veces es simplemente imposible lograr hacerlo todo. Y está bien. Lo que pudo haber sido motivo de angustia se convirtió en un ejercicio de adaptación a las circunstancias y demostró que no importa cuan planificada eres, cuando la vida te da limones, tienes que hacer limonada y convertir esa experiencia en una aventura. En esos momentos, hay que cerrar la agenda y disfrutar de la experiencia, observarla detenidamente y entender qué te quiere enseñar.


Una planificación exigente y rígida, solo trae frustración cuando la vida tiene otros planes. Sin duda que planificar es la vía del éxito, pero hay que dejar espacio para lo inesperado. Esa semana quedó claro que la flexibilidad y la adaptación deben ser herramientas imprescindibles en todo kit de organización, de otra manera ese espacio lo ocuparán dos herramientas indeseadas: la frustración y la ansiedad.


¿Qué has hecho cuando un imprevisto te descarrila planes importantes? ¡Cuéntame en los comentarios! Si esta es tu primera vez leyendo mi blog, ¡bienvenida! Si ya has estado por aquí antes ¡gracias por volver! Y si te gustó este contenido, compártelo con tus amigas. Para más sobre productividad y optimización del tiempo, sígueme en Instagram @organizing.concepts y únete a mi comunidad de Facebook suscribiéndote al Power Group Organizing Concepts.


Esta semana, recuerda hacer tiempo para ser feliz porque la felicidad hay que buscarla.


Sheila :)

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