Procrastinar puede ser bueno para ti

Sin duda alguna la procrastinación tiene una connotación negativa. Quienes sufren de procrastinación crónica viven con ansiedad y se sienten mal por no saber cómo enfrentarla ni cómo prevenirla. Pero es hora de que dejes de ser víctima de ella y aprendas a utilizarla como una estrategia de productividad. ¿No estás convencida? ¡Te explico!

Deja de ser víctima de la procrastinación y utilízala a tu favor.

La procrastinación es un impedimento para alcanzar tus metas y, por lo tanto, es una causa constante de ansiedad y parálisis. Yo misma, con todo y que mi área es la productividad y la optimización del tiempo, ciertas veces me descubro procrastinando. Siempre asumí que era una debilidad de mi parte.


Mi percepción cambió cuando escuché al compositor Lin-Manuel Miranda (sí, el mismo de In The Hights y Hamilton) en un podcast diciendo que él necesitaba tiempo para “rumiar” sus ideas antes de comenzar a escribir una canción.


Escuchándolo, algo hizo clic: es lo mismo que me pasa a mi (no que pretenda compararme con el señor Miranda, por supuesto), pero mi proceso es similar: voy “macerando” las diferentes posibilidades hasta que se revelan en algo concreto. De cierta manera procrastino, pero no en el sentido negativo que manejamos usualmente. Esta es una procrastinación funcional que me abre un espacio de tiempo para analizar las opciones antes de tomar acción en vez de reaccionar instintivamente a las circunstancias.


La procrastinación funcional es más aceptable porque tiene un propósito, es ocasional y no interfiere con la productividad, más bien la promueve.


La próxima vez que te descubras procrastinando, fíjate dónde está tu atención. Si procrastinas porque tu atención gira entre alternativas a una solución creativa a un problema, entonces está bien, estás “macerando” tus ideas, y en el momento en que la solución al problema aparezca, estarás casi en la recta final.


Cuando tienes más tiempo para sopesar los pros y contras de tus opciones o cuando las ideas que tienes no te convencen, dejar pasar un tiempo prudente mientras “maceras” esas opciones te ayudará a llegar a una respuesta más acertada.


El ritmo natural de la vida te obliga a vivir aceleradamente y rara vez encuentras ese espacio para “rumiar” o “macerar” ideas para que afloren y se conviertan en soluciones óptimas.

En este sentido, procrastinar es no solo apropiado, es necesario. El secreto está en saber diferenciar la procrastinación funcional de la procrastinación disfuncional o emocional que sucede cuando evitas hacer algo por miedo a fallar, a que no quede perfecto o, simplemente, porque no sabes por dónde comenzar.


La procrastinación funcional no implica dejar tus obligaciones al azar y utilizarla como una excusa para dilatar lo que no quieres hacer. La procrastinación funcional es consciente y tiene un propósito. Para evitar confundir las dos, ponte una fecha límite para la cual debes tomar acción; hay veces que proponerte trabajar en algo por solo 30 minutos es todo lo que necesitas para que las ideas comiencen a fluir.


Puedes leer más sobre cómo combatir la procrastinación disfuncional en estos dos posts: Deja de procrastinar con la regla de los dos minutos y 4 soluciones para dejar de procrastinar.


¿En qué casos aplicas la procrastinación funcional? ¡Te leo en los comentarios!


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Sheila :)


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