¡Ponle fin a tu procrastinación!

Esta es la realidad: todas procrastinamos. Y lo hacemos con más frecuencia de lo que queremos admitir; no importa cuan productivas seamos, en algo procrastinamos. Es humano. Sin embargo, y contrario a la creencia popular, el origen de la procrastinación no es la desorganización.

No más procrastinación: ¡tu tienes el control!

Algunas personas son procrastinadoras crónicas y otras los son selectivamente. Es decir, procrastinan solo en áreas específicas de sus vidas o ciertos tipos de tareas. Cuando una actividad te motiva, haces lo que sea por completarla, pase lo que pase. Esto sucede porque la procrastinación tiene raíces emocionales, entre ellas: falta de motivación, tedio, objetivos confusos y miedo al fracaso. Estas no son más que excusas, el problema es que no es fácil identificarlas como tal y por eso buscamos distracciones.


Revisemos estas excusas:


  • Desmotivación. Todo lo que haces debe tener un propósito. Si encuentras la actividad en cuestión irrelevante, es más difícil completarla. Busca la ventaja de empezar y terminar lo que debes hacer. Da el primer paso, por pequeño que sea, y te sentirás motivada a seguir adelante. Empezar suele ser la parte más difícil.


  • Aburrimiento. ¡Lo sé! Nada peor que sacar tiempo para algo aburrido. Ahora bien, si igual debes hacerlo, búscale un ángulo divertido. ¿Puedes trabajar con una compañera o una amiga? ¿Qué tal trabajar desde un lugar diferente, como un café o la biblioteca? Un sitio diferente ayudará a que tu creatividad fluya. Y, en lo posible, comienza por la parte menos tediosa del proyecto para aumentar tu interés.


  • Confusión. Es posible que estés procrastinando simplemente porque no sabes por dónde comenzar. ¿Sabes cuál es el resultado esperado y para cuándo? ¿Sabes si cuentas con todas las herramientas, el equipo o la información necesaria? Desglosa el proyecto en sub-tareas, analiza si tienes claridad en lo que tienes que hacer y en cómo lo debes hacer y verás como el proceso es mucho más directo.


  • Miedo al fracaso. Nos sucede a todas. Pero una cosa es cierta: es mejor intentarlo y fracasar que nunca intentarlo. Tómate unos minutos ahora y analiza los pros y contras de no completar tu tarea a tiempo. ¿Cuál sería la consecuencia si no empiezas de una vez? ¿Mide qué es peor: la consecuencia de no intentarlo o intentarlo y lograr un resultado imperfecto? En este caso, hecho puede ser mejor que perfecto.

La buena noticia es que la procrastinación puede superarse una vez que reconoces la causa y buscas la solución apropiada. Consulta tu lista de pendientes y asegúrate de que necesitas abordar todo lo que aparece allí. ¿Puedes eliminar algo por completo? ¿Lo puedes delegar a alguien mejor calificado? ¿Tienes que hacerlo hoy?


Irónicamente, hay circunstancias en las que la procrastinación puede ser buena. Si estás postergando porque sientes que no tienes la información necesaria y que, al esperar, podrías obtener un cuadro más claro de lo que necesitas hacer, o porque tu instinto te está diciendo que será mejor que te mantengas alejada, puede que tengas razón. En ese caso, la "procrastinación controlada" te puede llevar a obtener mejores resultados.


Si pruebas alguno de estos tips, cuéntame cómo te va. Me encantaría leer sobre tu experiencia superando la procrastinación.


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Esta semana haz tiempo para ser feliz porque la felicidad hay que buscarla, no siempre viene sola.


Sheila :)


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